LA SALTADITA: EL FUROR DE LOS POBRES

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La calma chicha invade la estación...

Los pasajeros yacen en sus respectivos lugares musicalizados por las anécdotas de otros usuarios (alaridos como de jauría en celo) y los mp3 de algún aparatoso celular que oficia la cosa (Reggaetón, en su mayoría)

El 55 % viaja aferrado a lo que se encuentre a la mano (respaldos, carteras, bolsos, traseros, todo ayuda)
Algunos afortunados gozan de un asiento desvencijado
(las más vivarachas junto a sus mil críos se abalanzan sobre estos, bélicamente si es necesario y, luego de conseguirlo, se duermen)
El 8 % opta por una bicicleta para acceder al furgón loco...
El 2 % restante es aún mas osado...

(Quien haya viajado en cualesquiera de las siete líneas urbanas del ferrocarril sabrá a lo que me refiero)

La Saltadita... Este es el nombre que se le da a la acción popular de aguardar junto al pescante hasta que arranque la formación ferroviaria (y te mandás de un salto)

Claro, no hay que confundir el término con viajar colgado aunque el vagón esté vacío... No! Por supuesto que no...

Vale la aclaración para algún desprevenido... (A esto se le llama grasada)

Sólo basta que el guarda accione la linterna y el Motor-Man se despida con la chicharra...

Así, este fenómeno popular del que algunos hacen alarde podría ocupar el ranking en los deportes extremos del tercer mundo, aceptable como estupidez si se tratara de un niño de seis años que se acaba de soltar de la mano de sus padres (en un hombre, la mano nos quedaría chica)

Yo lo vi un centenar de veces; la gente no lo puede comprender: un sujeto de pie a la par del pescante, pétreo como un granadero.

-¿Por qué no sube? -Se preguntaba Doña Carmen (socia fundadora de la Liga de Mujeres Argentinas) que casualmente viajó junto a mí en una de las formaciones del San Martín, desde Devoto hasta Derqui, para llevarle a su hija un cuarto de bizcochitos de grasa que cuesta diez centavos menos que en la estación del Municipio...

Esta cruzada épica y bien masculina (al igual que descender del vagón con el tren en movimiento) supone cada cuatro horas un accidente ferroviario, pronunciando así las demoras y el deficiente servicio de los mas de siete mil kilómetros de rieles, alentado en las renovaciones de un gobierno que vocifera a los cuatro vientos que el cambio recién comienza, y la desatención de las empresas concesionarias que igual recaudan y recaudan...

A todo esto yo no le encuentro sentido, a no ser que me ataque el insomnio de la media noche y el subconsciente me cuestione una y otra vez...

¿Por qué no sube?


©Ernesto Fucile | www.ErnestoFucile.com.ar

 
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